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La oposición abordó la tensión con el gobierno de Uribe desde la misma postura ya usual en su comportamiento político: Sin principios.
La oposición actúa siempre sobre la base del odio y del oportunismo. No hay principios, no hay una línea de desarrollo consecuente, doctrinaria, programática.
Sus actos están dictados por la aberración primitiva, salvaje e irracional a todo cuanto haga el Gobierno Bolivariano.
Mientras Chávez, durante el período de ruptura de relaciones con Colombia, mantuvo una línea de principios, en armonía con la doctrina aplicada consecuentemente en política exterior, en defensa de dignidad de la Nación y de la paz, del mutuo respeto entre países soberanos, la oposición asumía como propias las posiciones de la oligarquía colombiana y del gobierno de Uribe.
Entonces, sólo por oportunismo oposicionista, los viejos partidos y los medios de comunicación mercenarios, enfrentaron la política de Chávez hasta llegar al extremismo de acusarla de belicista, intentar romper su firmeza y colocarse abiertamente al lado de Uribe.
Ahora no les gusta la paz, repudian el rencuentro de Santa Marta, llaman capitulación donde hubo reconciliación por la paz. Santos les luce como un desertor… de la “Mesa de Unidad Democrática”.
Se les vino abajo el piso donde habían construido una burda manipulación sin principios y sin vergüenza patriótica. Apostaron por la guerra y perdieron la apuesta.
Sencillamente, se quedaron sin política. En sus editoriales y en sus vocerías, podrán inventar otros cuentos, refugiarse en la podredumbre de CNN y en los mercenarios españoles, pero este episodio lo perdieron por nocaut. Quedaron ponchaos…
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